
Era una anciana bajita y rechonchona.
Todo su rostro estaba cubierto de arrugas
( Y eso que se echaba 20 cremas diferentes
cada noche).
Su único defecto era que tenía cataratas y cada
día se volvía más ciega.
Un día llamo a un curandero para que le
recetara alguna medicina.
El era guapo y listo pero con su encanto
engañaba a las personas indefensas.
Prometió curarla.
Le puso una pomada y una venda.
Pasada la operación veía peor ! y la habían
robado las cosas de valor!
Se pelearon y llegaron a los tribunales.
-¿Porqué no pagas a este inocente hombre?
- ¿Inocente? ¡Me ha robado y encima el
tratamiento es un timo¡
El juez al ver tanto alboroto ordenó una orden de
registro.
Al ver la casa del fraude lo acusaron y lo
condenaron.
La pobre anciana nunca más volvió a ser
manipulada.
Autora: Nuria López