“Era una
lluviosa tarde de invierno”
Era una lluviosa
tarde de invierno. El cielo regalaba grandes diamantes que caían
rápidamente y se derretían al momento. Un rayo cayó a lo lejos y
me asusté de aquel voluminoso ruido y de saber que cerca de allí se
encontraba el establo de mi yegua. Sé que no debí acerlo pero salí
de casa y corrí campo a través.
Sentía el viento
rozando mi cara igual que sentía las lagrimas de Dios que corrían
por mis mejillas.
Todo lo cubría
una espesa manta de niebla y oscuridad.
La luna se
escondía traslos nublos pues sentía miedo igual que yo pero aún
así; yo no paraba de correr.
Llegué al
establo, entré y la ví. Tan indefensa, asustada y aturdida. Sus
ojos brillaban como el diamante. Corrí a su lado y me senté
abrazandola muy fuerte. Estaba tan cansada que los ojos se me
cerraban y me dormí. A la mañana siguiente cuando desperté ¿
Donde estaba caramelo? Salí del establo y la ví estaba preciosa,
blanca como la nieve y erguida. El cielo estaba despejado y lucía un
radiante sol. Me senté bajo la sombra de un árbol, la hierba estaba
mojada tras el aguacero. En el aire venían aromas húmedos. Estaba
feliz aunque un poco intranquila al saber que mis padres estarían
enfadados y a la vez preocupados por mí
Las 4 estaciones
En verano de alegría
se llena un corazón.
La piscina se llenan
y los niños juegan.
En invierno de tristeza
se llena mi corazón.
Los niños ya no juegan
y se aburren un montón.
En primavera de diversión
se llena mi corazón
Los niños juegan en la
plaza
al escondite y al balón.
En otoño de aburrimiento
se llena mi corazón
Volvemos al golegio
y volveremos con ilusión.

