jueves, 6 de junio de 2013

Nuria

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Era una lluviosa tarde de invierno”


Era una lluviosa tarde de invierno. El cielo regalaba grandes diamantes que caían rápidamente y se derretían al momento. Un rayo cayó a lo lejos y me asusté de aquel voluminoso ruido y de saber que cerca de allí se encontraba el establo de mi yegua. Sé que no debí acerlo pero salí de casa y corrí campo a través.
Sentía el viento rozando mi cara igual que sentía las lagrimas de Dios que corrían por mis mejillas.
Todo lo cubría una espesa manta de niebla y oscuridad.
La luna se escondía traslos nublos pues sentía miedo igual que yo pero aún así; yo no paraba de correr.
Llegué al establo, entré y la ví. Tan indefensa, asustada y aturdida. Sus ojos brillaban como el diamante. Corrí a su lado y me senté abrazandola muy fuerte. Estaba tan cansada que los ojos se me cerraban y me dormí. A la mañana siguiente cuando desperté ¿ Donde estaba caramelo? Salí del establo y la ví estaba preciosa, blanca como la nieve y erguida. El cielo estaba despejado y lucía un radiante sol. Me senté bajo la sombra de un árbol, la hierba estaba mojada tras el aguacero. En el aire venían aromas húmedos. Estaba feliz aunque un poco intranquila al saber que mis padres estarían enfadados y a la vez preocupados por mí


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Las 4 estaciones

En verano de alegría
se llena un corazón.
La piscina se llenan
y los niños juegan.

En invierno de tristeza
se llena mi corazón.
Los niños ya no juegan
y se aburren un montón.

En primavera de diversión
se llena mi corazón
Los niños juegan en la plaza
al escondite y al balón.

En otoño de aburrimiento
se llena mi corazón
Volvemos al golegio
y volveremos con ilusión.